49 discos y una canción

Casi desde el primer día de confinamiento me propuse dejarme llevar por mi cara B, dejé que la música fuera mi desescalada. Las selecciones musicales de cada día fueron impulsivas y, sin embargo, afortunadas.

Imagen de Maurice Von Mosel.


49 discos

He tenido que perder algo para empezar a pensar en recuperar el tiempo que creí perdido. Me he estado acostando temprano pero también he madrugado. A pesar de todo, la música siempre ha estado ahí, compañera, consejera: yo escucho y ella me cuenta. Estos días, sin embargo, más que pensar en la música, ha sido ella la que ha pensado en mí. En los momentos más flojos me acercaba al mueble, a las estanterías, y la mano revoloteaba acariciando el lomo de cartón, las carcasas de plástico. El impulso daba la orden, la orden era la experta. La estrategia, tan simple como certera, me recordaba la belleza de ese orden impuesto al antojo de mi propio reflejo: El reverso de la cara A. 

Casi desde el primer día de confinamiento me propuse dejarme llevar por mi cara B, dejé que la música fuera mi desescalada. Las selecciones musicales de cada día fueron impulsivas y, sin embargo, afortunadas. Mi estado de ánimo se adaptaba al disco escogido, al que en esos momentos estaba sonando y éste respondía a mi necesidad con sus requiebros no por esperados, menos fundamentales, menos necesarios. Al final el disco devoraba la atmósfera estancada de nuestra casa y una suave brisa agitaba las telarañas de las esquinas. Un (buen) disco es una ventana, es una terraza, es el mar.

Y es que el exhibicionismo de este ser humano inmerso en la pandemia se vio desatado ante el confinamiento que le esperaba, el que creía que tenía por delante. Las redes, refugio de paso, acogían la necesidad de reivindicarme en la cresta de la moda y así es imposible no caer rendido ante semejante postureo de pantalla táctil. Carne de Instagram, en este caso con más motivo.

Pero volvamos, perdón por el rodeo, al delirio este de aprovecharse de la energía de un disco (cada día) y a esa disquisición que, a medida que pasaban las jornadas, no sólo me animaba a continuar con semejante festín sonoro, sino que me definía entre un confusión tan hermosa: Yo soy el disco, el disco soy yo.

Digamos que el oportunismo del impulso maneja el cotarro del corazón, por eso, fruto del reguero de interrogantes que, como todo parecía indicar iba a dejar la nueva situación, perspectivas de que la cosa iba para largo, tomé conciencia de mi estado, de mi alarma y del consiguiente kit de supervivencia. Tal vez como acción/reacción ante el primer sobresalto empecé a anotarlos en una pequeña libreta y así dejar constancia de los álbumes cobijo que desde el sábado 14 de marzo hasta el viernes 1 de mayo (de 2020) me iban a calmar, me iban a hacer compañía. Seguro. Sin duda. Para el recuerdo las efemérides de las dos fechas elegidas: El sábado 14 por ser el día que quedaba declarado el estado de alarma; el 1 de mayo como el último día en el que teníamos que permanecer estrictamente confinados, puesto que desde el día 2 teníamos diversas franjas horarias para salir a la calle.   

Reprochadme el caos y el criterio soterrado, motivación y ternura, cuestión de prioridades. Reprochadme las ausencias de aquellos discos que penséis olvidados, como el que hace una mala elección al comprar una calle o una casa en el Monopoly. Juzgadme sin miramientos, que para algo uno hace las listas y después las comparte. Sentenciadme si éste o aquél disco os parece una moñada o directamente lo repudiáis. Sin piedad, regodeaos ante las coincidencias, disfrutad como os plazca de nuestra conexión o, todo lo contrario. Tomadlo como una declaración de principios o simplemente como una carta de presentación: Bienvenidos al Poder de la Nueva Generación.

La lista de los cuarenta y nueve días y sus cuarenta y nueve discos

14 de marzo: “Échate un cantecito” de Kiko Veneno

15 de marzo: “Blue Lines” de Massive Attack

16 de marzo: “Heartleap” de Vashti Bunyan

17 de marzo: “Yellow Moon” de The Neville Brothers

18 de marzo: “Frank’s wild years” de Tom Waits

19 de marzo: “Around the world in a day” de Prince and The Revolution

20 de marzo: “Coser y cantar” de Vainica Doble

21 de marzo: “Bookends” de Simon & Garfunkel

22 de marzo: “The Epic” Kamasi Washington

23 de marzo: “Coming up” de Suede

24 de marzo: “Camino Soria” de Gabinete Caligari

25 de marzo: “The best of…” Paolo Conte

26 de marzo: “Cantares de vela” de Juan Perro

27 de marzo: “The best of…” Rubén Blades

28 de marzo: “Jordan: The Comeback” de Prefab Sprout

29 de marzo: “Breakfast in America” de Supertramp

30 de marzo: “I’m your man” de Leonard Cohen

31 de marzo: “Fighting” de Thin Lizzy

1 de abril: “Tin Machine I” de Tin Machine

2 de abril: “Pretzel logic” de Steely Dan

3 de abril: “A día de hoy” de Luis Eduardo Aute

4 de abril: “12 segundos de oscuridad” de Jorge Drexler

5 de abril: “The Healing Game” de Van Morrison

6 de abril: “Love Deluxe” de Sade

7 de abril: “A black & White night” de Roy Orbison and Friends

8 de abril: “Abattoir Blues/The lyre of Orpheus” de Nick Cave and The Bad Seeds

9 de abril: “No me iré mañana” de Antonio Vega

10 de abril: “Shaved Fish” de John Lennon and The Plastic Ono Band

11 de abril: “Urubu” de Antonio Carlos Jobim

12 de abril: “Jaco Pastorius” de Jaco Pastorius

13 de abril: “All things must pass” de George Harrison

14 de abril: “Berlin” de Lou Reed

15 de abril: “Axis: Bold as love” de The Jimi Hendrix Experience

16 de abril: “Introducing the hardline according to…” de Terence Trent D’Arby

17 de abril: “One year” de Colin Blunstone

18 de abril: “Hotel, dulce hotel” de Joaquín Sabina

19 de abril: “Rhapsody in Blue” de George Gershwin

20 de abril: “Gorgeus George” de Edwyn Collins

21 de abril: “Don’t give up on me” de Solomon Burke

22 de abril: “Señora Azul” de Cánovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán

23 de abril: “The river in reverse” de Allen Toussaint y Elvis Costello

24 de abril: “Truth” de Jeff Beck

25 de abril: “Beauty” de Ryuichi Sakamoto

26 de abril: “11 de novembre” de Silvia Pérez Cruz

27 de abril: “Outlandos d’Amour” de The Police

28 de abril: “Car wheels on a gravel road” de Lucinda Williams

29 de abril: “Hats” de The Blue Nile

30 de abril: “From left to right” de Bill Evans

1 de mayo: “Curtis” de Curtis Mayfield

Y una canción

Hubo muchas, pero una me ayudó especialmente. “Washing of the water” de Peter Gabriel es una fábula mitológica de purificación y despedida. Es adentrarse en la naturaleza de los sentimientos, en el agua, en el ámbito de lo materno, es un querer volver a empezar. Es un rezo, una plegaria que reclama y asume el arrepentimiento y la soledad. Más que flotar, es fluir, una sensación que Peter Gabriel logra transmitir con un ritmo suave y marcado, tan elegante que clama a la zozobra del corazón. Es el bautismo de un espíritu consecuente, el arrullo que unos pies descalzos necesitan. Es una canción única con un tímido falsete que araña la percepción sensorial. El que la escucha tiene la exclusividad de un mensaje mesiánico que atrapa la calma y se reconcilia con la jaula que es uno mismo y con lo contrario que es el entorno que nos rodea.

Asume Peter Gabriel (en una canción, en esta canción) el dolor de unas decisiones abocadas al desvelo y a la incertidumbre. Así, en el templo del agua, a media voz para no desvelar a los fantasmas de la depresión, reconoce su propio reflejo: El reverso de su cara A. El otro Gabriel, desnudo, todavía mojado, desde el puente (sobre el río) magníficamente construido, brama (a media voz) las claves de su tempestad, salpicando sobre la valentía el mea culpa: “Letting go, it’s so hard/The way it’s hurting now/To get this love untied/So tough to stay with thing/’Cause if I follow through/I face what I denied/I get those hooks out of me/And I take out the hooks that I sunk deep in your side/Kill that fear of emptiness, loneliness I hide.”

La redención, reposo del recelo, vuelve a recobrar la serenidad en el último tramo, en la última estrofa: Cíclica la canción, lírica la vida. Gabriel baja del pedestal, con los pies en el suelo, transita la terapia y vadea la cura. La canción termina y algo, lo que sea, pero muy grande, parece que hubiera cambiado dentro de nosotros.

Washing of the water

River, river carry me on

Living river carry me on

River, river carry me on

To the place where I come from

So deep, so wide, will you take me on your back for a ride

If I should fall, would you swallow me deep inside

River, show me how to float

I feel like I’m sinking down

Thought that I could get along

But here in this water

My feet won’t touch the ground

I need something to turn myself around

Going away, away towards the sea

River deep, can you lift up and carry me

Oh roll on though the heartland

‘Til the sun has left the sky

River, river carry me high

‘Til the washing of the water make it all alright

Let your waters reach me like she reached me tonight

Letting go, it’s so hard

The way it’s hurting now

To get this love untied

So tough to stay with thing

‘Cause if I follow through

I face what I denied

I get those hooks out of me

And I take out the hooks that I sunk deep in your side

Kill that fear of emptiness, loneliness I hide

River, oh river, river running deep

Bring me something that will let me get to sleep

In the washing of the water will you take it all away

Bring me something to take this pain away

Valga la intensidad de esta nueva tempestad para volver a empezar con otra lista, con otra canción…

2 comments On 49 discos y una canción

  • Muy buen artículo, Jorge. Un gusto leerte en otro espacio pero con el mismo tino. Siempre un placer y una deuda los discazos que nos traes.

    Sal más veces de las sombras, man, déjate ver.

    Temazo el de Peter Gabriel.

    Gracias!

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