El río y el fuego

Apocalypse Now es un mito imposible. Un icono en la historia del cine que puede ser visto como la culminación de una corriente cinematográfica de rebeldes, de amantes del cine, de inconscientes e hiperactivos. Es también un símbolo de la locura.


“En medio del camino de nuestra vida me encontré por una selva oscura, porque la recta vía era perdida”

De lo perdido a lo hallado se recorre un camino, y en él perdemos y ganamos, en mayor o menor medida, energía y materia. Es una metamorfosis, la lenta e inevitable progresión hacia la siguiente parada y siguiente revelación, que no es más que una prueba del temor y del deseo. Como Willard remontó el río a través del planeta en proceso de apocalipsis, nosotros esperamos en nuestras casas, en la oscuridad de lo estático, en el silencio de la cultura, en la larga ausencia de los cines, para llegar al final del túnel. Y en el final de ese túnel estaba Apocalypse Now

Ver una película en casa y ver una película en el cine guarda la misma distancia que ver a un tigre en el circo o verlo en Siberia. El espectador se pone a su servicio. En casa la pausa cuando le place. En el cine la película es imparable. En casa vemos a la pantalla en igualdad de condiciones. En el cine la pantalla nos mira a nosotros desde la altura. Ver Apocalypse Now en el cine es, seguramente, una de las sensaciones que mayor impotencia pueden hacer sentir a un espectador. Por su hipnotizante movimiento, su incesante descenso a los infiernos. Es un viaje del inconsciente, la hipnosis de una mente traumatizada. Es el recorrido más perfecto por la identidad de una generación, la que se despertó del sueño americano, la que luchó contra su genética mutante, que lo condenaba a hacerse uno con la jungla. Es la historia de las mentes trastornadas que fueron enviadas al infierno sin razón. Y fue allí donde todas las drogas y la locura devoraron sus mentes, lenta y dolorosamente, como una termita hurga en la madera. 

El hombre que ama contra el hombre que mata. El deber y la disciplina contra la corrupción y el caos. Una prueba de que el cine es un arte vivo, una demostración incontestable de lo que el poder de la cámara y los micrófonos es capaz de conseguir en conjunción con la colaboración y la sensibilidad humana. Uno de los rodajes más difíciles y avocados al fracaso de la historia. Tifones, actores hasta arriba de LSD, conflictos con el gobierno filipino, falta de dinero, catástrofes innumerables que parecían no acabar nunca. Quizá fue la maldición lo que infectó el espíritu creativo de Coppola y su equipo. Algo mágico que llenó a esos yanquis en la jungla de una furia creativa que se resistió a ser callada. Esa lucha se libró en todas las dimensiones: en la fotografía de Storaro, quizá de las mejores de la historia, con su juego de reflejos y sombras, cegadores y aturdidores, que transportan a una atmósfera podrida y amarillenta, que afectan a los sentidos como una experiencia mística y extraterrestre; al sonido y el montaje de Walter Murch, que recrea Vietnam con todos sus matices, en los motores de los helicópteros que nos acechan al empezar la película, en los atronadores disparos de las armas, que muchas veces en el cine se parecen más a los petardos, pero en Apocalypse Now son explosiones ensordecedoras, en los insectos y los pájaros y las hojas y el agua del río, de los que no se puede escapar; también afectó a las actuaciones de Sheen, Duvall, Forrest, Bottoms y Hopper dejando patente en celuloide un estado de la mente humana totalmente desquiciado, aterrado por el fin del mundo y de la humanidad, viendo cómo nadie está libre de esa destrucción, afectó a Brando, a su presencia fantasmagórica y omnipotente, la presencia de un dios que ha borrado la línea entre el bien y el mal, que ha abrazado el horror como la belleza, como la sublimación de una forma de comportarse frente al final, de derrotar al enemigo invisible.

Apocalypse Now es un mito imposible. Un icono en la historia del cine que puede ser visto como la culminación de una corriente cinematográfica de rebeldes, de amantes del cine, de inconscientes e hiperactivos. Es también un símbolo de la locura. Aquel que la vea por primera vez sin haber oído hablar jamás de ella puede que se sienta confundido, extrañado, incrédulo ¿Qué le ocurre a esta película? Parece una película bélica. Parece un drama. Pero ¿a qué vienen esos helicópteros que atacan con música de Wagner? ¿A qué viene esta obsesión con el surf? ¿Qué tienen que ver las conejitas de PlayBoy con el resto de la historia? Llegado a un punto podría pensar que se trata de una comedia o, por lo menos, de una sátira. Pero en cuanto esa idea se asienta con comodidad en su cabeza es cuando el viaje se vuelve más salvaje, más oscuro, cuando desaparecen las leyes y sólo queda el caos y el horror. Y ese viaje no termina y ese río parece que empieza a fluir contracorriente, engulle y desquicia con todo su poder, con toda su mística. El camino no se hace más revelador sino más complejo, más abstracto, más destructor ¿Qué hacemos aquí? ¿Qué sentido tiene esta misión? ¿Cómo puede importar tanto un solo hombre cuando el bosque arde lleno de cadáveres y el río es gobernado por los hombres sin ley? A Kurtz dirige el río. A la completa destrucción de los valores. En el sinsentido sólo se puede imponer el orden con el horror. Destruir antes que ser destruido. Desde el principio fue un viaje de destrucción. Pero ¿cómo va a entender nadie qué es la destrucción si no la ve con sus propios ojos, si no la siente en su propia piel y la escucha infiltrarse en su cerebro, si su propio sentido de la orientación no es a su vez puesto en duda? Y ¿cómo podría alguien hacer una película sobre ese horror sin haberlo vivido antes? El mundo interior y el mundo exterior se afectan mutuamente en la vida y en el arte. Si alguien hubiese escrito, dirigido o compuesto o planificado una película sobre el horror de otra forma no habría sido Apocalypse Now. Si alguien la hubiese visto sin haberse perdido primero no habría sido lo mismo. 

Con el motivo del corte final la película volvió a las salas. Como por arte de magia o por obra de algún demonio de lo perverso predijo que la destrucción llegaría a nuestras vidas. Esperó hasta ese momento para ser completada. Como si hasta ahora no hubiésemos visto nada. Yo he visto Apocalypse Now en casa y en el cine. La he visto antes y después del fin del mundo. Y nunca había vivido antes una dualidad tan apoteósica.

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