Los mundos de David Lynch

Introducirse en el cine de David Lynch conlleva vivir un auténtico viaje onírico, a través de una visión única, que resulta ser una de las más fascinantes en el cine contemporáneo. Una experiencia sensorial, tan peculiar como recomendable para cualquier amante del cine.

Imagen cortesía de Brett Sheehan

«Todas mis películas son acerca de mundos extraños, mundos a los que nunca se podría ir, a menos que los construyas y los reproduzcas en una película. Eso es lo que de verdad me importa en las películas: viajar a mundos cada vez más extraños».
— David Lynch

Existen pocos cineastas como David Lynch, que siendo tan reconocidos, tengan un estilo tan propio y peculiar. De hecho, una de las principales características de este director es que, a pesar del paso del tiempo, siempre se ha mantenido fiel a su estilo y a sus valores cinematográficos.


Lynch ofrece una visión única a través de su puesta en escena, donde todo está premeditado: los sonidos, los encuadres con sus respectivos movimientos de cámara, la iluminación y el uso de una paleta de colores tan personal, acaban definiendo una obra que ofrece un contenido que va más allá de los parámetros establecidos y las normas básicas de la narrativa en el ámbito cinematográfico.

El director invita al espectador a dejarse llevar por sus emociones y a adentrarse en su particular universo a través de un umbral, normalmente manejando una narrativa no lineal, que aunque aparentemente no obedezca a ningún tipo de lógica, en su conjunto, con un análisis posterior al visionado de la obra, acaba conformando un rompecabezas que el propio espectador deberá interpretar. Un ejemplo de ello es su aclamada película Lost Highway, con varios toques de psicodelia, o su ópera prima Eraserhead, una declaración de intenciones acerca de lo que veremos a lo largo y ancho de su filmografía; la misma que contiene un mensaje desmoralizador en un mundo sórdido y perturbador.

Así como es capaz de escribir guiones con una narración no lineal, Lynch elabora también un gran entramado de distintos géneros que alterna de forma constante a lo largo de su filmografía. En numerosas ocasiones, acaba desarrollando esos géneros en su totalidad. Es el caso de películas como The Straight Story o The Elephant Man, que pueden encuadrarse de forma casi completa en el género dramático.

Escena de El hombre elefante


El cine negro es otro de los más utilizados por Lynch, con el que suele diseñar un envoltorio totalmente convincente, que en cierto punto de la trama se desvanece y acaba descubriendo la verdadera intencionalidad narrativa de la obra: algo mucho más personal y que busca provocar una introspección al ya mencionado subconsciente y psicología de los protagonistas. Es el caso de una de sus películas más aclamadas, Mulholland Drive.

Antes hemos hablado también de su representación de la belleza y la infamia, una que también establece un paralelismo sobre la lucha entre el bien y el mal, pretendiendo ahondar en la naturaleza oscura del todo. Una de las obras en las que mejor se representa este aspecto, es en su reconocida Blue Velvet, para muchos su mejor película.
En este film, el cineasta ambienta la historia en una pequeña localidad de la América profunda (lugar donde vivió la mayor parte de su infancia) y se dedica a mostrar esa dualidad que ya hemos mencionado. La película abre con una secuencia idílica y bella, utilizando el tema de Bobby Vinton Blue Velvet, de fondo. Su objetivo en esta escena es mostrarnos la belleza de ese lugar, para posteriormente, a lo largo de la película, ir desentrañando la verdadera oscuridad latente bajo esa impoluta superficie.

El agente Dale Cooper imterpretado por Kyle MacLachlan


Otra de las obras más reconocidas del cineasta es la serie de televisión Twin Peaks. En la misma, podemos vislumbrar una mezcla de géneros y estilos apoteósica. Desde el ya mencionado envoltorio de una trama policíaca de género noir, pasando por un sinfín de subtramas gestadas en base a las normas de una telenovela convencional, y llegando finalmente a escenas completamente terroríficas, que acaban por desvelar la verdadera intencionalidad de la obra en su conjunto. Es una pieza tan importante para la televisión y para el formato actual de series con calidad cinematográfica, que merece un análisis aparte, profundo y detallado.


La interpretación de los filmes de Lynch dependerá del tipo de espectador, quedando esta abierta, ya que el propio director considera el no revelar la lógica o la interpretación correcta de su película, algo esencial para disfrutar de su obra. De hecho, el director ha manifestado en numerosas ocasiones, que una obra cinematográfica debe ser considerada un viaje. Un viaje hacia un mundo imposible, que no podría plasmarse en ningún otro medio que no fuera el cinematográfico, y que no debe tratar de entenderse, sino de ser vivido.

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