Un narrador a la antigua usanza

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Hace varias décadas, algunos de los mejores cineastas de la historia del cine (Alfred Hitchcock, John Ford…) se reunieron para homenajear al maestro Luis Buñuel. Allí también se encontraba William Wyler, quien a pesar de ser menos citado, está entre los más grandes. Repasemos su carrera.

El cineasta tres veces ganador del Óscar William Wyler


Tras su paso por el cine mudo, una de sus primeras películas sonoras fue la tremendamente moderna para su época Dodsworth (1936), con un inmenso Walter Huston en el papel de un hombre de negocios que ve cómo su matrimonio se va al garete.

Después de participar en la Segunda Guerra Mundial, al igual que otros compañeros de profesión como Frank Capra, dirigió una de las mejores películas sobre aquel conflicto: Los mejores años de nuestra vida (1946) (la favorita de nada menos que Billy Wilder, íntimo amigo suyo), que narraba el regreso de tres vencedores a Estados Unidos y las dificultades que tenían para reinsertarse en la sociedad.

Fotograma de Los mejores años de nuestra vida (1946)

Tres años más tarde, en 1949, estrenó La heredera, en la que Montgomery Clift, en una interpretación memorable, daba vida a un arribista que intentaba casarse con Olivia de Havilland por su dinero. El veterano actor de teatro Ralph Richardson se metía en la piel del tradicional padre de la chica, quien no aprobaba la relación.

Más adelante, en la década de los cincuenta dirigió una de las mejores comedias románticas: Vacaciones en Roma (1953), donde el periodista Gregory Peck se enamora de la princesa Audrey Hepburn; una de las mejores películas del oeste: The Big Country (1958), en la que el este y el oeste de Estados Unidos se dan de puñetazos; y una de las mejores películas de romanos: Ben-Hur (1959), sobre las peripecias de un noble judío en la época de Cristo.

Fotograma de Ben-Hur (1959)

Con esta última, Wyler, que ya había dirigido dos películas ganadoras del Oscar, batió todos los records. Ningún otro cineasta tiene tres películas con el premio de la Academia en su haber. Sólo él.

Además, siguió dirigiendo películas que merecen la pena absolutamente: como la sobrecogedora The Children’s Hour (1961), basada en una falsa acusación de abuso, o la deliciosa Cómo robar un millón y… (1966), acerca del robo de una falsificación. Ambas con Audrey Hepburn.

Se trata de un director de cine con un talento monumental y una filmografía tan variada como apasionante. Cada día le admiro más. Por eso siempre que puedo regreso a su obra.

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