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No hay lugar adónde ir

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The Midnight Sky, dirigida y protagonizada por George Clooney, se sitúa en un futuro en el que la Tierra se vuelve inhabitable mientras una serie de misiones espaciales intentan buscar un nuevo hogar para la humanidad.

Por Nicolás Bianchi

Una historia post apocalíptica sin épica, con un abordaje minimalista y a la vez combinado con el relato de una agonía es lo que ofrece Clooney en The Midnight Sky. Filmada con calma, presenta efectos especiales austeros pero efectivos y un puñado de escenas que se destacan sobre el resto, elementos que le dan un marco visual interesante a una película que no se sale de los cánones de la ciencia ficción, aunque evita la grandilocuencia y las frases de señalador.

Sin moraleja ni mayor información, un evento, en el año 2049 cuando transcurre la narración, torna el aire de la Tierra mortal para cualquier tipo de vida. Quizás como metáfora del cambio climático, esto se sabía que iba a suceder pero no cuándo. Finalmente fue antes de lo previsto. Las últimas zonas en caer serán los polos, donde un puñado de hombres y mujeres vive apiñados en una base. A días de terminar 2020 no se necesitan mayores explicaciones para comprender lo que es vivir encerrado sin saber cuándo se va a poder retomar la vida que se entendía como normal.

Los tripulantes de la nave Aether, una de las últimas esperanzas de la humanidad.

En una base ubicada en el Círculo Polar Ártico todos los habitantes comienzan a subirse a helicópteros que los llevan a otras locaciones, dónde hay instalaciones subterráneas que permitirán la subsistencia. Todos menos uno. Augustine (Clooney) es un científico que sufre una enfermedad terminal. Necesita de transfusiones de sangre diarias para poder continuar viviendo. Mientras los otros buscan salvación él intentará conectarse con alguna de las naves espaciales enviadas por la humanidad en búsqueda de un planeta habitable.

De una lista donde hay un par de decenas solo una aparece activa en el monitor. Por el momento Augustine no puede comunicarse con ella. La nave fue exitosa en su misión, llegó a un lejano planeta habitable y ahora emprende el regreso a la Tierra sin saber lo que allí ya se desencadenó. La comandante Sully (Felicity Jones) espera un hijo del tripulante Adewole (David Oyelowo), como para sembrar una esperanza de futuro.

El cielo de medianoche en algún confín del espacio.

Con las instalaciones que tiene en la base en dónde está, Augustine no puede entablar comunicación alguna con la nave por lo que emprende un arriesgado viaje por el Ártico hacia otro lugar con una antena más potente. En espejo, el regreso de la nave Aether a la Tierra se complica y los tripulantes deben tomar un camino desconocido y, por lo tanto, más peligroso. Ellos no saben, claro, que ya no hay ningún lugar adónde ir.

The Midnight Sky presenta entonces la lucha de la humanidad por subsistir en eco con la del científico Augustine por completar su última misión antes de morir. En el camino por sobrevivir hay opciones y elecciones que podrán tomar los distintos personajes. Sin música épica de fondo, con un dejo de suspenso pero también de humor y relax, en dónde la secuencia en la que la tripulación de Aether canta y baila al ritmo de Sweet Caroline de Neil Diamond resulta muy bien lograda, la película cuenta una historia con un dejo de nostalgia o melancolía por un mundo que terminó, que ya no va a ser como antes. Los terrícolas que esperamos con cierta ansiedad qué nos deparará 2021 podemos interpretar esa sensación a la perfección.

La película se estrenó recientemente en Netflix.

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